jueves, 25 de octubre de 2007

TRECE ROSAS ROJAS

El pasado diecinueve de octubre fue estrenada la película "Trece Rosas" que recupera uno de los sucesos más duros y despiadados de la represión franquista en Madrid. La película no contribuye a dar una imagen sólida de los personajes en su aspecto más ideológico, a pesar de que su calidad técnica es indudable.

No creo que deba entrarse a valorar la calidad artística de “Trece Rosas” como artículo cinematográfico, ésta es indudable. Tampoco su emotividad, de la cual pueden ser una muestra los ojos vidriosos de los espectadores una vez hubo terminado el film. De lo que si me encuentro convencido es de que la historia real de estas trece mujeres gozó de una intensidad vital y política sensiblemente mayor de lo que da a entender la película. La sensación que tuve en la noche de ayer al salir del cine fue la de haber contemplado el desenlace fatal de un patio de juegos. La imagen de los protagonistas se me revelaba como un conjunto de rasgos banales, despreocupados, carentes de toda profundidad ideológica. No sabremos nunca las pasiones, anhelos y emociones que movieron a estas personas a involucrarse en la defensa de la República, pero los testimonios de otros compañeros y compañeras que sí lo hicieron dejan en evidencia la falta de solidez del guión de “Trece Rosas”.

Claro que, en España, incluso hoy, filmar una película relacionada con la Guerra Civil, o la posterior represión, conlleva una serie de limitaciones relativas a esa especie de censura autoimpuesta cuyo propósito es mantenerse en un terreno neutral. Lo que acaba sucediendo, a mi modo de ver, es que para evitar el revanchismo, lo que se cuenta acaba cojeando, perdiendo solidez y cayendo en los habituales tópicos y estereotipos. Luego resulta, que el mero hecho de tratar el tema se utiliza para denunciar las ansias de revancha del sector de la población que se siente más identificado con los vencidos. Al final la verdad de los hechos acaba quedando reducida a los lectores, aquellos medios de expresión destinados al gran público no hacen sino repetir una y otra vez los mismos acontecimientos con personajes diferentes. Esto impide un reconocimiento justo a la vida de aquellas personas que siguieron una idea con la convicción necesaria para terminar torturados y asesinados o en prisión y adquirir un aprendizaje que nos sea de utilidad para escribir nuestra propia historia.

Lo que más me ha sorprendido investigando sobre el tema es la fecha en la que fue colocada una placa conmemorativa en el cementerio de La Almudena, apenas seis años después de la victoria socialista de mil novecientos ochenta y dos. Quizás no sea sino el reconocimiento justo a la trascendencia que la lucha por una idea puede tener en el futuro. Algo imprescindible en estos tiempos escépticos a los que nos enfrentamos y que películas como “Trece Rosas” no contribuyen a evitar.

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