miércoles, 19 de diciembre de 2007

¿Por qué luchamos? (I) / Why do we fight for? (I)

Me cuestionaba una compañera, por la que tengo un gran cariño, la utilidad de trabajar para transformar esta sociedad nuestra de la que, ya sea por acción o por omisión, somos responsables. Cierto es que este esperpento intimida. Cada día te esfuerzas en modificar su trayectoria y compruebas que sigue caminando el mismo sendero erróneo. A lo largo de los años ves como algunos compañeros y compañeras abandonan. Quizás porque la tarea parece propia de locos. Puede que debido al temor de no alcanzar jamás el horizonte fijado. O simplemente por desmotivación. La fe es un sentimiento extraño que desaparece del mismo modo incomprensible en que surge. Aunque aquí no tenga ninguna connotación religiosa y esté sólidamente cimentada en profundos planteamientos políticos, sociales o ecológicos -equivocaciones incluidas-. De hecho, incluso los que abandonan son conscientes de que las banderas que en un momento levantaron siguen teniendo su lugar. Aunque no les compense la inversión en tiempo, motivación o preocupaciones. Imagino que todo se reduce a responder a la pregunta de por qué luchamos.

Es necesario en cada momento hacer lo que uno considera correcto o, al menos, intentarlo. Eso supone, sobretodo, romper la línea que separa la teoría de la práctica. Las ideas no tienen capacidad transformadora. Suponen tan sólo un medio, el fin debe ser siempre la actuación. Nadie en su sano juicio sería capaz de afirmar que el planeta es un lugar perfecto en donde cada individuo puede desarrollar totalmente sus capacidades. Los más concienciados extenderían el concepto de individuo a los ecosistemas y sus integrantes. ¿Qué me diferencia a mi, entonces, de esas personas? El hecho de pretender que mis ideas se conviertan en acciones. Y, aunque bien es cierto que es complicado llevar algúnos planteamientos a la práctica, intentarlo no lo es. En el intento adquirimos nuestra dignidad de transformadores sociales. Por eso luchamos y, por eso, es preciso involucrarse en la modificación de la sociedad. Alcanzar el horizonte fijado supone una cuestión secundaria.

Del derecho al pataleo hablaremos otro día...

A good friend of mine wondered if it was any useful to work to change this society we are, one way or another, responsible for. It’s true this monster intimidates you. Every day you do your best to modify its trajectory and check it’s still walking the same mistaken path. Throughout the years you see how some mates quit. Maybe because the task looks more like a mad people’s job. Or maybe, because of tiredness. Faith is an unusual feeling which disappears in the same difficult way to understand it comes up. Even though, in this context, faith has no religious connotation and it is based on strong political, social and ecological approaches –assuming we could be wrong-. In fact, even those who quit are conscious the flags they once raised still have thir place now. They just don’t feel the struggle compensates their time, motivation or worries. I am sure all of this is about answering the question: what do we fight for?.

It’s necessary, in every moment, to do exactly what you think is correct or, at least, to try it. That means, above all, breaking the practice-theory line. Ideas can’t change anything. They are just the mean, the aim must always be acting. Nobody can assure planet Earth is a suitable place in which every human being can make the most of every ability he has. This should be extent to ecosystems and animals. ¿What are the differences between me and that people who believe having ideas is enough? The fact I pretend my thinking to be taken to actions and, although, certainly, it’s uneasy to take some approaches to practice, trying it it’s not. When we try we acquire our social transformers dignity. That’s why we fight for and, therefore, that’s why it’s important to get involved in the society transformation. Reaching our aim it’s a secondary matter.

About the right to get angry we’ll talk some other day...

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